La batalla de Sagrajas o Zalaca el 23 de Octubre de 1086
Este hecho fue el enfrentamiento militar entre el ejército del rey castellano-leonés Alfonso VI y los almorávides al mando de Yusuf ibn Tasufin,el 23 de octubre de 1086 en tierras de Badajoz,donde las crónicas árabes llaman al lugar al-Zallága y las cristianas Sacralias o Sagrajas, nombres qué corresponden a dos zonas limítrofes entre Coria y Badajoz y otros autores sitúan la acción mas cerca de la ciudad de Badajoz a orillas del Guadiana o junto al río Zapatón en las inmediaciones del castillo de Azagala,en terrenos de Alburquerque
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En 1085 El príncipe Al-Qadir, soberano de Tulaytula (Toledo), cedió su reino a Alfonso VI de Castilla a cambio de que este lo pusiera como príncipe de Balansiyya (Valencia).Toledo,la taifa más grande y una de las ciudades más importantes e islamizadas de el al-Ándalus,esta perdida provocaría el desconcierto de los reinos de Taifas,constatando la debilidad y la fragmentación política de Al-Andalus,colocando a los musulmanes en la necesidad de buscar aliados al otro lado del estrecho con los que frenar el posible avance del monarca castellano-leonés.
Varios reyes de taifas como Muhammad b Abbad al-Mu'tamid rey de Ishbiliya (Sevilla),'Abd Allah b Buluggin b Badis rey de Gharnata (Granada) y Umar b Muhammad al-Mutawakkil rey de la taifa de Badajoz,llamaron en su auxilio a los temibles almorávides al mando del emir Yusuf ibn Tasufin Nasir ad-Din ibn Talakakinin
يوسف بن تاشفين ناصر الدين بن تالاكاكينن
La imagen: Reinos de Taifas en 1080 y Alfonso VI en una pintura del siglo VII
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El rey sevillano al-Mutamid le pide ayuda en estos términos:
«Él Alfonso VI ha venido pidiéndonos púlpitos, minaretes, mihrabs y mezquitas para levantar en ellas cruces y que sean regidos por sus monjes ...Dios os ha concedido un reino en premio a vuestra Guerra Santa y a la defensa de Sus derechos, por vuestra labor ...y ahora contáis con muchos soldados de Dios que, luchando, ganarán en vida el paraíso».
Yusuf ibn Tasufin
Convertido en emir de los musulmanes, reconociendo sólo la autoridad del califa de Bagdad.fue el primero de la dinastía berebere de los almorávides que reinó sobre lo que hoy conocemos como Marruecos, consiguiendo unificar a los bereberes del Sahara occidental y extender su poder por el norte de África,Mauritania, Senegal y el oeste de Argelia. Este imperio recibía también el nombre de Imperio o Reino de Marrakech,donde Yusuf haría edificar su capital,fundada en 1062,en. aquella época este lugar era apenas un fuerte de piedra y barro al pie de la cordillera,allí se refugiaban los pastores con sus rebaños, para evitar los robos de las tribus, antes de que la englobara en su imperio.Yusuf moriría en esta capital del Imperio norteafricano en el año 1106,con 97años de edad
...Los cristianos envían una delegación a Sevilla para cobrar las parias correspondientes. Comandando la expedición el judío Ben Salid. El Rey de Sevilla Al Mutamid no sólo se niega a pagar el tributo sino que hace ejecutar a Ben Salid.Alfonso monta en cólera al enterarse y amenaza con una expedición de castigo al Reino de Sevilla.
...El Reino de Zaragoza se encontraba actualmente sitiado por las tropas cristianas,ya que la taifa zaragozana, cuyo rey Al Mustain que tenia comprados los servicios del Cid Campeador, habia dejado de pagar las parias correspondientes.Alfonso VI al enterarse del desembarco de Yusuf en junio de 1086 se vio obligado a abandonar el sitio y prepararse para el enfrentamiento
El monarca cristiano expuso a su Curia Regia la necesidad de atacar a los almorávides antes de que se hiciesen fuertes y pudieran marchar sobre el recién reconquistado Reino.El ejército cristiano se concentro en Toledo recibiendo el refuerzo de una parte de los hombres del Cid, dirigidos por el mítico Alvar Fáñez. El Cid Campeador no compareció porque se hallaba empeñado en la toma de Valencia.
Alfonso VI, Guerreros almoravides y el Cid Campeador
Los reyes de taifas sabían que esta alianza seguramente acabaría con su independencia política pero, como citan las crónicas, pensaron que
"Era mejor guardar los camellos de los almorávides que los cerdos de los cristianos"
No obstante muchos de estos soberanos no concurrieron a la llamada de la "guerra santa" "yihad" e incluso alguno como el de Valencia, Al-Qadir, se mantuvo leal a los pactos firmados con el monarca castellano-leonés.
Yusuf recibió a los embajadores, de los que le pedían ayuda contra Alfonso VI,las condiciones serian,que se llevarían todo el botín conseguido y una vez terminada la contienda se volvieran a sus territorios, en breve mandaría su respuesta.lo que sucedio en julio de 1086 llegaron los embajadores almorávides a Sevilla, aceptando las condiciones pero a cambio de la ciudad de Al Yazira al Jadra, hoy Algeciras y la ayuda de la flota sevillana para apoderarse de la ciudad costera de Sebta hoy Ceuta.
Al-Mutamid de Sevilla aceptó todo, aunque la petición del Alcázar de Algeciras no le gustó nada, sabiendo que con una guarnición en el alcázar, Yusuf tendría una cabeza de puente para volver alli cuando quisiera. Las condiciones eran que Yusuf se marcharía pero que se quedaría con Algeciras y su alcázar.
Al-Mutamid intentó alargar las conversaciones. Por ello los espías de Yusuf comunicaron a sus embajadores que Mutamid parecía querer negociar con Alfonso,los embajadores le dieron solo un día de plazo para contestar. Esa misma noche Al-Mutamid aceptó. Comentó con su ministro: “Parece que hay que elegir entre ahogados o quemados”, y a su hijo Al- Radi volvió a repetir su famosa frase:
¡Prefiero ser camellero en Marrakech a pastor de cerdos en Castilla!
Al-Mutamid, envió los embajadores sevillanos a Ben Taxufin para ultimar los preparativos, y dijeron a Yusuf:
“Esperad treinta dias, para que nuestro amo pueda evacuar Algeciras, y así te instalarás en ella"
Yusuf sospechaba que el rey de Sevilla estaba intentando ganar tiempo para llegar a un acuerdo con Alfonso. Los embajadores de Sevilla, al terminar las negociaciones en Marrakech, salieron hacia Algeciras escoltados por una pequeña flota de Yusuf para protegerlos de algún barco de los gallegos, así llamaban en aquella época a los cristianos.al llegar a Algeciras, y al mismo tiempo que los embajadores desembarcaban, salieron de los barcos cincuenta jinetes que se apoderaron de los muelles.a continuación, y en perfecta formación, salieron de los barcos cien arqueros que se situaron en los puntos claves de los muelles, levantando barricadas. Luego salió el resto hasta un total de quinientos guerreros. Los embajadores creyeron que habían sido traicionados y no entendían lo que estaba ocurriendo, por ello se refugiaron en el alcázar sin saber que hacer. En Algeciras estaba de gobernador uno de los hijos del príncipe de Sevilla. Al-Radi, que viendo la situación mandó varias palomas mensajeras a su padre en Sevilla pidiéndole instrucciones.

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Mientras esperaba alguna respuesta Al- Radi vio desde lo alto del alcázar como iban llegando navío tras navío, y desembarcando tropas, y por la mañana el jefe de las fuerzas desembarcadas, el general Dawud ben Aixa, rodeó el alcázar con sus tropas y acercándose le dijo:
“ Nos habéis prometido Algeciras. No venimos a tomar ciudades o para arreglar problemas internos de príncipes. Venimos a hacer la guerra santa, vas a evacuar la plaza de aquí al mediodía, hoy mismo. En caso contrario defiéndete como puedas”
Al mismo tiempo, Yusuf envió una paloma al príncipe de Sevilla diciendo:
“Te eximo de aprovisionar mi flota y de enviar víveres a mis tropas, como habías prometido.”
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Planos de Gibraltar y Algeciras
El príncipe sevillano ordenó a su hijo Al- Radi que entregase la ciudad de Algeciras a los Almorávides, tomando posesión de ella el emir Dawud,dias despues llegó Ben Taxufin que tras examinar la plaza, retornó a Ceuta, para esperar al resto de las tropas. Una vez que todas las fuerzas se juntaron en Algeciras, Yusuf ordenó a Dawud ponerse en marcha hacia Sevilla.
En los alrededores de Sevilla se iban congregando las tropas Almorávides mandadas por sus mejores generales. Además del hijo de Yusuf, estaban Ibn Aísa y el glorioso Sir siempre invicto. También estaban entre otros emires: Garrur al-Hasimi, Abu al-Hayy, Abu Zakariya etc. Y las tropas de los príncipes andalucíes también estaban llegando.
Dos días después se le unieron las tropas malagueñas; doscientos caballeros mandadas por el príncipe Temín, y al día siguiente se presentó en el campamento la caballería de Almería. Mandaba estas tropas el hijo del príncipe, el joven Motacin que pidió disculpas de parte de su padre por no poder venir en persona. La explicación que dio era que estaba muy preocupado porque un aventurero cristiano estaba reforzando el castillo de Aledo, en las montañas cercanas a Murcia.
Puestas en marcha las tropas camino de Badajoz, al llegar a Jerez de los Caballeros, se le unieron trescientos caballeros granadinos mandados por Abdallah, rey de Granada; y ya en las puertas de Badajoz se presento el rey Mutwakkil con su ejército.
Alfonso mandó rápidamente aviso al otro lado de los Pirineos para que se le uniesen tropas francesas, ya que su segunda mujer era francesa. Las tropas cristianas se concentraron en Toledo. También llamó a los gallegos, aragoneses y leoneses; y por último al Cid. Este estaba convaleciente y no pudo acudir. El ejército de Alfonso, partió a principios de Octubre hacia Badajoz, sabiendo que hacia allí se dirigía el ejército invasor con sus aliados.
Alfonso venía con un gran ejército formado por el suyo propio, los condes aliados y las tropas extranjeras de franceses sedientas de botín. También Sancho Ramírez de Aragón le envió tropas al mando de su hijo y heredero el infante Pedro. Su ejército tenía más de treinta mil hombres,desde Valencia llegaron también las tropas de Álvar Fáñez, sobrino del Cid. Alfonso venia muy seguro de su triunfo, pues desconocía el valor de las tropas Almorávides y hasta la fecha, no había perdido ninguna batalla desde que era rey. tan confiado estaba, que mandó a Yusuf un mensaje que decía:
“Aquí me tienes, que he venido para encontrarme contigo, y tú, en cambio, estás quieto y te escondes en las cercanías de la ciudad.”
Los guerreros de la Fé y los andalusies, permanecieron algunos días en Badajoz hasta asegurarse que Alfonso venía con todo su ejército, pues se fue internando confiado en territorio musulmán y alejándose de sus dominios. Las tropas musulmanas estaban acantonadas delante de la ciudad. Lo había ordenado Yusuf, pues pensaba que como venia un gran ejército, en la lucha podía pasar de todo. Si ganaba no habría problemas, pero si perdía la batalla, se podían refugiar dentro. Tras recibir el mensaje de Alfonso se movió el ejército musulmán, y el jueves 22 de octubre cuando los ejércitos estaban a tres kilómetros de distancia uno del otro, se reunieron los portavoces de ambos, y los dos jefes decidieron dar la batalla el sábado. Porque al día siguiente era viernes, día de los musulmanes y el domingo era el día de los cristianos.
Mientras las tropas iban a descansar, el rey sevillano Al-Mutamid conociendo lo poco que valía la palabra de Alfonso, no se fió. Mientras los almorávides descansaban y dormían sin problemas, él envió exploradores para vigilar el movimiento de las tropas enemigas. Al día siguiente, viernes 23 de octubre de 1086, cuando al-Mutamid terminaba la primera oración, aparecieron sus ojeadores diciéndole que el ejército de Alfonso se preparaba para atacar. Comprendiendo que Alfonso había vuelto a intentar engañarles, el rey sevillano preparó su ejército avisando a todos los aliados.
La vanguardia del ejército estaba formada por las tropas andalusies. En el centro los sevillanos con su rey, que tenía a su lado a su pequeño poeta Ben al-Labbana. A su derecha el ejército de Badajoz, y a la izquierda los granadinos con los de Málaga y Almería; la caballería estaba en las alas.La segunda línea estaba formada por las tropas almorávides, y los lanceros del Sudán, guerreros negros protegidos con escudos hechos de piel de hipopótamo y de buey, que tenían llamativos colores. También estaban en esa línea los flecheros de las tribus aliadas, y la retaguardia, mandada por el propio Yusuf estaba escondida detrás de una colina.
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De pronto apareció a lo lejos la caballería pesada de Alfonso, caballería aragonesa y castellana cubierta de hierro que al mando de Alvar Fañez venia galopando hacia tres kilómetros y que arrolló materialmente a los andalusies. Los extremos del ejército musulmán se rompieron, y las tropas de Badajoz, Málaga y Granada fueron deshechas; perseguidas por Alvar Fañez huyeron aterrorizadas con sus príncipes a resguardarse bajo los muros de Badajoz. De la primera línea solo resistía luchando el centro dirigido por el rey de Sevilla, que herido y cubierto de sangre se mantenía en su puesto a pesar de la muerte de la mayoría de sus capitanes.
La caballería de Alfonso llegó a la línea almorávide, pero no pudo deshacerla en el primer envite porque los caballos estaban agotados tras tres kilómetros de desenfrenada carrera y tras destrozar las líneas andaluzas. Los caballeros cristianos que veían la victoria al alcance de la mano intentaron rehacerse para dar la última embestida, mientras tras ellos, pero a mucha distancia venia a ayudarles la infantería de Alfonso, un ejército de treinta mil guerreros de a pie.
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En aquel momento tan crítico, Yusuf ordenó por medio de banderas a Sir, que ayudase al rey sevillano y a la primera línea almorávide. Pues estos que resistían a duras penas, necesitaban urgentemente refuerzos, mientras él dando un rodeo, atacaba por detrás el campamento cristiano. Cuando Alfonso estaba derrotando la primera línea almorávide y saboreaba el triunfo, el cielo pareció temblar. Un estruendo espantoso se oyó por toda la meseta, un ruido desconocido que llenó de pavor a hombres y bestias. Las colinas cercanas transmitían el eco, por lo que el sonido era escalofriante. Los caballos relinchando de miedo, enloquecían saltando y derribando a los jinetes,parecía que un terremoto iba a abrir la llanura y tragarse el mundo.
El estruendo se debía a las ordenes dadas por Yusuf, que se transmitían por medio de tambores. Eran cientos de tambores golpeando al unísono detrás de las colinas, y que se oían a kilómetros de distancia. Un principio de miedo invadió los corazones de los caballeros castellanos, y el conde de Nájera ayudante del rey, caía del caballo que aterrorizado por el estruendo se encabrito. También uno de los capitanes, Rodrigo Ordoñez asustado, señaló al rey la masa de los que creía eran demonios negros que avanzaban hacia ellos en perfecta formación.
Era la infantería de Sir ben Abu Beker, al frente de zenetes, gomeres, masmudas y lanthunas, hombres duros del magreb, defensores de la Fe, que con el rostro tapado con el lithan y vestidos de negro avanzaban al ritmo infernal de los tambores.
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Al mismo tiempo los treinta mil guerreros de Alfonso que corrían a pie para alcanzar y ayudar a su caballería, oyeron aterrorizados el mismo terrible sonido de los tambores. Dejaron de correr y se detuvieron paralizados de terror quedándose mirando al cielo que creían se desplomaba sobre sus cabezas. Entretanto la caballería musulmana atacaba el campo enemigo, y sin detenerse al pillaje ataco por detrás a los aterrorizados infantes de Alfonso.
El rey cristiano, ante el choque con la infantería de Sir, y ante las noticias del intento de destrucción de su campamento, considero más fácil unirse con su infantería y derrotar a la caballería ligera de Yusuf, y a sus sinhachas. Por tanto, dejando a Alvar Fañez para acabar con los lanceros sudaneses y con el rey sevillano, ordenó dar la vuelta e intentó galopar hacia su campamento con sus agotados caballos.
Fue un desastre, pues se encontró con la masa ingente de sus guerreros de infantería que sin nadie que los guiara huía hacia adelante de las tropas de Yusuf. Este con banderas desplegadas y batiendo tambores avanzaba, con los heroicos sinhacha detrás de los huidos. Tras un encuentro terrible entre ambos, Alfonso intentó defender el destrozado campamento, pero con la perfecta formación de los almorávides y el atronador sonido de los tambores haciendo temblar la tierra, el valor de sus caballeros, acostumbrados a la lucha individual, empezó a declinar.
En el otro lado, las diezmadas y heroicas tropas del sevillano Al-Mutamid, vieron como sus atacantes, los caballeros de Alvar Fañez, se replegaban ante la llegada de Sir y aunque agotados se unieron a la persecución a órdenes de su príncipe.
Viendo el ejemplo del sevillano, los derrotados andalucies que estaban refugiados en Badajoz, se sintieron avergonzados y acudieron también a luchar. Y mientras Alfonso intentaba mantenerse a la defensiva, se oyó otro redoble mas fuerte, un sonido que al ser más agudo se sobrepuso a los anteriores.
Era la orden de Yusuf, que mandaba entrar en combate a su guardia negra. Esta, compuesta de cuatro mil guerreros armados con delgadas espadas y escudos de piel de hipopótamo, fue lanzada de refresco al combate y, abriéndose el camino a su paso, atravesaron los aterrorizados guerreros de Alfonso y fueron al encuentro de la guardia del rey.
Uno de los lanceros negros derribó con su lanza a un caballero de la guardia quedándose sin el arma, y entonces el rey atacó con su espada al guerrero negro, Este esquivando el golpe, se agachó ante el caballo que se le echaba encima, lo cogió por las riendas y sacando un puñal atravesó el muslo del rey Alfonso cosiéndolo a la silla.
Mientras los tambores seguían sonando, las tropas del rey fueron deshechas, y Alfonso se refugió con los guerreros restantes en un cerro. Allí herido, resistió hasta la noche viendo como su ejército, el mayor que había existido, era aniquilado y su campamento incendiado y sometido al pillaje. Por fin, al caer la noche, el rey pudo huir con quinientos caballeros. Perseguido, herido y muerto de sed. Sus caballeros lo llevaron enfermo al castillo de Coria.
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Tras la batalla, que había durado todo el día, se acercó a Yusuf un guerrero lleno de heridas, que irreconocible por la sangre que le cubría y con un brazo roto, llegó ante él. Se inclinó y le llamó “Emir- al Muslimin“; era la primera vez que Yusuf fue llamado “Príncipe de los musulmanes”. El héroe cubierto de sangre que se inclinaba ante él, era el rey Al-Mutamid de Sevilla al que su poeta acababa de arrancar una flecha de un brazo.
En el descanso tras la batalla, mientras los enfermeros y médicos cuidaban a los heridos y los guerreros se dejaban caer agotados al suelo para descansar, el rey de Sevilla llamó a su poeta Ben al-Labbana que estaba tras él para que mandase un mensaje. El poeta tomó un pequeño trozo de papel de un dedo de ancho, y escribió lo que dictaba Al-Mutamid. En dicho papel comunicaba la victoria a su hijo Al-Rasid en Sevilla:
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“A mi hijo Al-Rasid, que Dios lo conserve. Sabe que se han encontrado las tropas musulmanas con el tirano y mentiroso Alfonso, Dios ha dado la victoria a los musulmanes, y ha derrotado por su medio a los politeístas. Gracias a Dios, Señor de los mundos. Comunica esto a los que estén delante de ti, de nuestros amigos los musulmanes”
En la noche de aquel viernes, ató el papel a una paloma que había llevado consigo para este menester y la lanzó. La gente de Sevilla inquieta desesperaba del resultado de la batalla y de lo que iba a ser de ellos, cuando entonces llega la agotada paloma. Se leyó el mensaje en la gran mezquita de Sevilla, con lo que se generalizó la alegría y se multiplicaron los votos de gracias.
Al día siguiente se contaron los muertos enemigos, cerca de treinta mil hombres. Y en la oración de la mañana, el almuecín agradeció a Dios la victoria lograda. Después Yusuf hizo bordar en sus estandartes su emblema: “El reino y la grandeza proceden de Dios”. Luego mandó mensajeros a todas las tierras de al-Andalus y del Magreb comunicando la gran victoria. La única gran batalla conseguida después de la muerte del gran Almanzor, casi cien años atrás.
Al acabar de hablar el poeta, el silencio se extendió por el campamento, nadie deseaba romper el hechizo de lo que acababan de oír. Todos continuaban allí esperando y sin ganas de moverse, las palabras del Emir.
“Y cuando quiso Dios auxiliar a la religión Pidió la gente socorro a Ibn Tasufin.
Y les vino como la mañana tras las tinieblas,Presuroso, como el agua que conserva
la vida al moribundo.Que hermosa fue esa batalla Que se alzó para socorrer la religión en viernes.
Avanzan los jinetes y se arrojan sobre las lanzas, como si fueran camellos sedientos,
Y las puntas de las lanzas el abrevadero.En las tinieblas que anuncian la tarde,el golpear de los cascos,
es como una estela que se abre paso entre las lanzas.Tropiezan los corceles
y se mellan las espadas. Y luego la caballería de Dios,al mando del león Tasufin,
Va por tierra del enemigo tarde y mañana Y para el politeísta Alfonso,se tambaleo allí su trono
Y se extendió la protección de Dios sobre el Islam."
Tras la batalla, mientras el rey Al-Mutamid de Sevilla era curado, se le acercó su poeta Ben al-Labbana, diciéndole:
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“No había delante de ti más que mi persona.
Y las lanzas y las espadas que se rompían contra las armaduras.
Me diste las plumas de una flecha,
dame ahora plumas de pájaro.
Y lo mismo que me he clavado,
ahora cantaré” |
En 1086, el noble castellano García Giménez tomó el castillo de Aledo,villa situada en pleno corazón de la región de Murcia iniciando así el hostigamiento de los territorios granadinos, alicantinos y jienenses
Aledo
Una segunda llamada de socorro, hace que Yusuf regrese a la península en 1088,en el verano de 1089 las tropas de todos los reyes de taifas junto a las tropas almoravides al mando de Yúsuf ibn Tasufin sitian la importante plaza de Aledo, de gran relevancia
estratégica. Sin embargo, la operación fracasa y han de retirarse ante la noticia de que Alfonso VI ha acudido a auxiliarla. Yusuf se
vuelve de este segundo viaje decepcionado por la poca cohesión de los soberanos andalusíes.
A la vista de sus triunfos en al Andalus, los sacerdotes islámicos incitan al príncipe almorávide Yusuf a apoderarse de toda la región, Tras el fracaso del sitio de Aledo, Yusuf concibe la idea de acabar con los reinos taifas incapaces de hacer causa común
contra sus adversarios. En el verano de 1090 regresa por tercera vez a la península,esta vez sin ser requerido, atacando y consiguiendo el control de varios reinos musulmanes. el 8 de septiembre Abd Allah, rey de Granada se rinde pacíficamente,sitúando en su lugar a su primo Sir como gobernador de los territorios andalusíes conquistados, con la misión de atacar y anexionar nuevos reinos taifas.
En los primeros meses del año 1091 van cayendo las distintas taifas pasando a poder almorávide.
En mayo se pone sitio a Sevilla,tras cuatro largos meses de asedio el 7 de septiembre se inicia el asalto definitivo tomando la ciudad tras la rendicion sin condiciones de
Al Mu'tamid y su hijo,ese mismo año se toman las taifas de Mariyya (Almería) y Qurtuba (Córdoba)
1092. Aledo es tomada por Ibn A'isa, hijo de Yusud Ibn Tasufin.Este mismo año es asesinado al Qadir, rey de Balansiyya (Valencia) con la ayuda de los castellanos.
Badajoz y su reino taifa caerían en manos almorávides dos años despues en 1094 acabando al tiempo con la dinastía Aftasí,este mismo año el 4 de junio muere Alfonso VI de un flechazo que recibió cuando sitiaba Huesca
Muerte de Alfonso VI en Huesca
Al-Mutawakkil rey de esta taifa intentaba salvar la soberanía de su reino a través de un doble juego con Yasuf y Alfonso VI, por una parte se pondría de parte del primero ayudandole en la toma de Sevilla y por otra pedía ayuda y protección a cambio de las plazas de Lisboa, Cintra y Santarem tomando posesión Alfonso VI en mayo de 1093.
Este hecho hizo perder la popularidad al monarca aftásida y la población de Badajoz solicitó la concurrencia de los almorávides como medio de salvar el reino para el islám. La ciudad no fue tomada, sino que al-Mutawakkil y su familia fueron prendidos y encarcelados. Más tarde fue ejecutado junto con sus hijos al-Fadl y al-Abbas bajo la acusación de haber colaborado con los cristianos.
Además de los mencionados al-Fadl y al-Abbas, Omar al-Mutawakkil tuvo al menos otro hijo, al-Mansur, que se pasó al bando cristiano al final de los días del reino de Badajoz. Omar fue un hombre extremadamente culto, que hizo construir en su residencia tanto en la de Badajoz como en la de Toledo, en el corto tiempo en que permaneció allí munias o jardines de recreo en los que se cultivaban todas las artes de la literatura y especialmente la poesía. En la corte del rey de Badajoz se encontraron poetas de la talla de Ibn Yaj, Ibn Muqana, los hermanos al-Qabturnu o filósofos como Ibn al-Sid al-Batalyawsi o al-Bayí.
El imperio almorávide se establecería en la península desde 1091 hasta 1147
Imperio almoravide
En el norte de Ifriqiya [África].Sobre el año 1120 comenzaría una nueva rebelión, nueva confederación de
tribus beréberes organizadas religiosamente por Ibn Tumart,mezcla de guía espiritual y agitador político,contrario a la
rigidez malequí.estos serian los almohades que desembarcarían en la paninsula en 1146
Su yihad se dirigió por igual contra cristianos y musulmanes destruyendo el imperio almoravide. En poco más de treinta años, los almohades lograron forjar un poderoso imperio que se extendía desde Santarém en la actual Portugal hasta Trípoli en la actual Libia, incluyendo todo el norte de África y la mitad sur de la Península Ibérica, y consiguieron parar el avance cristiano cuando derrotaron a las tropas castellanas en 1195 en la batalla de Alarcos.
En el año 1230. Alfonso IX de León avanza por el río Guadiana, toma Márida (Mérida) y Badajoz abriendose camino a la conquista de Sevilla