Sobre la destruccion de la campana histórica de Badajoz año 1879
El oficio decia:
Comisionado el que suscribe por esta ilustre Corporación para contestar á las comunicaciones del Ministerio de Fomento de 28 de Agosto y 12 de Noviembre últimos, acerca de la cuestión promovida en Badajoz por el derribo de la campana llamada de Espantaperros, que se suponía monumento histórico, debe ante todo sincerarse de su tardanza en despachar el informe, por haberlo creído punto menos que innecesario, toda vez que en fecha anterior á esa última, la Comisión de Monumentos históricos de aquella ciudad había leído ya la inscripción gótica da la campana y cerciorádose de que no tenía antigüedad, ni por consiguiente, la importancia que se le atribuye.
He aquí la historia de los sucesos, tal como resulta del expediente remitido por el Ministerio, y de los documentos y noticias recogidos en Badajoz por el que suscribe, en cumplimiento de su deber de cronista de las provincias extremeñas, cuando en Septiembre último tuvo ocasión de examinar los restos de la campana, que se hallan depositados en la planta baja del Ayuntamiento. El ilustrado teniente de alcalde de aquella ciudad, don Mariano Castro Pérez, tuvo la acertada idea de restablecer en la manera posible los trozos de la campana, sobre un molde de tierra, y no sólo pude examinarla detenidamente, sino que saqué una impronta de la preciosa cruz que la adornaba, y de que se hablará más adelante.
Construída una nueva casa municipal en 1856 sobre el emplazamiento de la anterior, en el campo de San Juan, se trasladó á ella desde la torre del Castillo una antigua campana sobre la cual corrían entre el vulgo mil consejas á causa de su extraño son, por estar cascada, y de su nombre de Espanta-perros, no menos extraño. Tocábase por regla general en solemnidades fúnebres, como la muerte del Pontífice, de las personas reales y de individuos del Municipio, y habíase modernamente establecido la costumbre de dar también con ella las señales de fuego, circunstancia que por lo rara es también fúnebre en aquella población. Quizás de aquí provino la tradicional idea que atribuía á la campana una antigüedad remotísima, remontándola algunos á los primeros tiempos de la dominación cristiana, y suponiendo que servía para tocar á rebato en las algaras de moros.
Resentida modernamente la espadaña que la sostenía, como toda la fábrica del nuevo edificio municipal, la Corporación en 10 de Junio del año pasado adoptó el acuerdo siguiente:
«Se dió cuenta de la comunicación del auxiliar facultativo de obras, participando que del reconocimiento hecho en la espadaña que sustenta la campana de Espanta-perros, situada en uno de los muros del edificio de las Casas consistoriales, resulta que dicha espadaña se encuentra en condiciones de ruina, siendo preciso á su juicio la demolición para evitar mayores males.
»El Ayuntamiento acordó se ejecute y destruya la campana, que se refundirá y se colocará en su día en el sitio que ocupa, en las mejores condiciones conforme al dictamen facultativo.»
Que este acuerdo fué adoptado con notoria ligereza, que debió consultarse á personas inteligentes y en particular á la Comisión de Monumentos antes de destruir una campana que era mirada en la ciudad con cierta veneración, y que pudo evitarse el peligro sin destruirla, son cosas que están fuera de duda, y que acarrearían responsabilidad al Ayuntamiento, si los sucesos posteriores no le absolvieran. Ello es que no más tarde que el día siguiente 11 de Junio, según unos, y bastantes días después, según el oficio de la Comisión, de 10 de Julio, los vecinos de la ciudad creyeron sobrecogidos de espanto que toda ella ardía á la vez, ó que había fallecido entera la familia real, ó los concejales todos; tal era el lúgubre, destemplado y continuo sonar de la campana de Espanta-perros, al ser destruida á mazo sobre su misma espadaña, agravando quizás por aquel momento el peligro que para lo futuro se temía. Esta parece sin embargo haber sido la verdadera causa de tan perentoria ejecución. Dependientes del Ayuntamiento que tienen su vivienda debajo de la espadaña se apresuraron á cumplir un acuerdo en el cual habían sido por ventura no poca parte.
Menos ejecutivas las quejas del público, hasta muy entrado el mes de Julio no tuvo el suceso publicidad en los periódicos de Madrid, á par que la Comisión de Monumentos presentaba las suyas al Gobernador de Badajoz. Según los primeros, que hablaban como suelen, á bulto, la campana había sido fundida en tiempo de San Fernando, y tenía nada menos que una inscripción árabe, conmemorativa de su objeto, que era «dar aviso á sus vecinos rurales, cada vez que los moros acometieran á la plaza». Añadía el periódico de Madrid que tamaño dislate dijo que se preparaba la publicación y presentación á la Academia de la Historia de una monografía sobre esta célebre campana. Más cauta la Comisión de monumentos reservó su juicio en las comunicaciones dirigidas al Gobernador, si bien lamentando siempre el suceso y sus desusados trámites.
Con tal motivo se detuvo la refundición de la campana, y pudo examinar sus restos el que suscribe en los últimos días de Septiembre. Por lo pronto la inscripción, aunque confusa y gastada por algunos lados, es evidentemente gótica, y se necesita una ignorancia muy crasa para creerla árabe. Corre su franja alrededor de la cabeza, que se halla casi entera, y ha sido leída posteriormente por los individuos de la Comisión, según mis noticias particulares en esta forma:
JESUS MARIA I JOSEPH ESTA CAMPANA SE HIÇO ANO DE
MIL QUINIENTOS I DIEZ I SIETE ANOS SIENDO CORRE-
GIDOR EL MUY MAGNIFICO SEÑOR ANTONIO HER-
NANDEZ GUEVARA.
He aquí deshecho de un golpe todo el tejido de fábulas forjadas por los periódicos de Madrid, que llamaron la atención hasta del Gobierno de S. M. produciendo este expediente. Hizo la casualidad que por aquellos mismos días, al restaurar la fachada de la casa del mayorazgo de los Morales en la calle de la Magdalena, se descubrieran unas curiosas inscripciones místicas que ocupaban todo el frontis, colocadas artísticamente en renglones á manera de grecas; y en la absoluta paridad de estos caracteres con los de la campana, pudieron reconocer los más indoctos su antigüedad, no anterior al siglo XV. En efecto, una y otra leyenda son del estilo llamado gótico alemán, de que permanecen en Castilla tantas inscripciones notables, desde el sepulcro del conde Ansúrez en Valladolid, indudablemente renovado por aquella fecha, hasta la reforma del puente de Alcántara de Toledo, por el corregidor Gómez Manrique, que lleva la fecha de 1484. Aunque la de la campana de Espanta-perros no lo dijese con mayor claridad que la que usaba su antiguo badajo, toda era de moros extremeños resulta incompatible con el estilo de su inscripción.
Mas no por eso era un objeto vulgar. Primeramente la calidad de los metales empleados en su fundición autoriza á creer que se utilizaron en ella restos de alguna antigua campana del tiempo de la Reconquista, pues hay la tradición de que las damas muzárabes, poseídas de religioso entusiasmo, arrojaron al crisol sus alhajas de oro y plata; y en efecto, estos metales parecen predominar extraordinariamente en la masa refundida en 1517. Al saltar algunos trozos en astillas menudísimas, lo han demostrado bien á las claras. Otra circunstancia reunía digna de mención y aun de estudio. Con cuadros al parecer sobrepuestos y en distinto molde fundidos, pues han saltado algunos al destruirse la campana, ostentaba una cruz casi tan grande como su copa, desde los rebordes que á manera de cenefa coronan el labio hasta la cabeza; cruz que ha sido exactamente reproducida hasta en sus dimensiones, pues como todos los cuadros son iguales, y saqué de ellos una impronta, con apunte fiel del número de cuadros que contienen el tronco, los brazos y la peana, fué facilísimo restablecer la cruz tal como era. Llaman la atención sin duda los adornos que ocupan los cuatro ángulos formados arriba por los brazos y abajo por la peana; pero yo entiendo que con ellos se figuran los cuatro clavos de la crucifixión, según la iglesia griega. Notorio es que los Cristos bizantinos, en vez de sobrepuestos, tienen ambos pies asegurados con sendos clavos sobre un supedáneo, que por cierto falta aquí, como también que algunos de nuestros artistas posteriores participaron de esta piadosa creencia, pues Martínez Montañés hizo crucifijos con cuatro clavos, y Goya mismo, que es de ayer, pintó con supedáneo y todo, á la bizantina, el que hoy enriquece nuestro Museo del Prado. Como un progreso de la educación artística y legítimo tributo á las tradiciones de Pacheco y Velázquez, considera esta circunstancia nuestro malogrado compañero D. José Godoy Alcántara en su excelente Iconografia de la cruz y del crucifijo en España; de suerte que el tener cuatro clavos la de la campana de Badajoz no ha de considerarse dato de antigüedad, sino de buen gusto.
A mayores reflexiones se presta el hecho de haber saltado alguno de los cuadritos incompletos que forman estos adornos laterales, pues descubriendo que eran postizos y como pegados, renuevan la cuestión iniciada por el P. Méndez, en su Tipografía española, respecto á los letreros de las campanas, que se adelantaron á la invención de Gutenberg. Hase podido poner en duda que los campaneros los hiciesen, como dice Méndez, con moldes sueltos, ó hablando con más claridad, con letras fundidas aparte, por la circunstancia de no haberse despegado jamás ninguna que permitiese descubrir el artificio; pero aquí tenemos un ejemplar de adornos sobrepuestos, que ayuda á creer en la teoría de Méndez. Con las letras, ¿no pudo hacerse lo mismo? Parece indudable. Así queda más justificada, como origen de la imprenta, la famosa inscripción de la campana de Logroño, que se remonta á 1282 nada menos.
De todo lo dicho se deduce que la campana de Espanta-perros no era un monumento histórico por cuya destrucción deba imponerse al Ayuntamiento de Badajoz responsabilidad moral ó material; pero sí tenía algún mérito relativo que hace digno de censura, si no el acuerdo mismo, su inconsiderada y presurosa ejecución. Como éste y más que éste ocurren diariamente en España sucesos que nos privan de nuestras ya menguadas glorias artísticas, ó las llevan á enriquecer los Museos extranjeros, por lo cual el que suscribe entiende que la Academia está obligada á aprovechar esta ocasión para dirigirse otra vez y todas las que sean precisas al Gobierno, encareciéndole la conveniencia de que los acuerdos municipales respecto á destrucción ó modificación de objetos de antigüedad, se sometan al examen de las Comisiones de Monumentos históricos y artísticos, á quien la ley tiene confiada esta misión honrosa.
La Academia, sin embargo, resolverá lo que crea más conveniente.
V. BARRANTES.
Madrid, 10 de Enero de 1879.